¿Estás seguro de que estás reportando bien la sostenibilidad… o solo cumpliendo con el trámite? Con esta pregunta sobre la mesa, la CNMV ha publicado su informe anual de supervisión de la información de sostenibilidad, un documento clave para entender hacia dónde evoluciona el reporting ASG y qué se espera realmente de las organizaciones. Desde DIRSE hemos sintetizado los principales puntos para que las personas socias puedan estar al día y anticiparse a los cambios que marcarán la agenda en los próximos años.
El informe analiza la calidad y el grado de cumplimiento de la información de sostenibilidad correspondiente al ejercicio 2024 por parte de las empresas cotizadas en España. De los 123 emisores que publicaron su informe financiero anual consolidado, 99 incluyeron el Estado de Información No Financiera (EINF) y 87 reportaron sobre la taxonomía medioambiental, lo que refleja un alto nivel de adopción del reporting ASG.
Uno de los aspectos más relevantes es que la mayoría de las compañías ya están alineando sus informes con las Normas Europeas de Información en Materia de Sostenibilidad (ESRS), anticipándose así a los requisitos de la Directiva CSRD. Además, todos los informes fueron verificados sin salvedades, lo que indica un avance significativo en la fiabilidad de la información reportada.
Sin embargo, el informe también pone de manifiesto que cumplir no es suficiente. La CNMV identifica áreas claras de mejora que afectan directamente a la calidad, utilidad y credibilidad de la información de sostenibilidad.
Entre ellas, destaca la necesidad de mejorar la descripción del modelo de negocio y la cadena de valor, elementos clave para comprender la exposición de las empresas a impactos, riesgos y oportunidades (IRO). Sin este contexto, el resto de la información pierde capacidad explicativa.
También se señala la importancia de reforzar los procesos de análisis de materialidad, uno de los pilares del reporting ASG. Las empresas deben explicar con mayor claridad cómo identifican sus temas materiales y cómo estos se relacionan con su actividad y su cadena de valor.
Otro punto crítico es el alcance de los informes. La CNMV insiste en que debe coincidir con el de los estados financieros consolidados, evitando exclusiones injustificadas y asegurando una visión completa y coherente de la organización.
UNA ESTRUCTURA BIEN DEFINIDA
En cuanto a la estructura, se recomienda seguir una organización clara basada en los cuatro bloques de las ESRS: información general, medioambiental, social y de gobernanza. Esto no solo facilita la comprensión, sino que mejora la comparabilidad entre compañías.
La accesibilidad y la coherencia de la información también siguen siendo un reto. El uso excesivo de referencias cruzadas o la falta de conexión entre la información financiera y la no financiera dificultan la lectura y restan valor al informe como herramienta estratégica.
Especial atención merecen los indicadores clave (KPI), donde aún existe margen de mejora en aspectos como la comparabilidad, la explicación de su evolución o la transparencia en las metodologías de cálculo.
En el ámbito ambiental, el foco está claramente en el clima. La CNMV destaca la necesidad de mejorar los desgloses relacionados con la huella de carbono —especialmente las emisiones de alcance 3— y, sobre todo, los planes de transición climática. No basta con declarar compromisos: es necesario explicar cómo se van a cumplir, con qué medidas y en qué plazos.
Asimismo, los desgloses vinculados a la taxonomía europea siguen siendo uno de los puntos más débiles, lo que evidencia la complejidad técnica de su aplicación y la necesidad de seguir avanzando en su implementación.
PERSPECTIVAS FUTURAS
De cara al futuro, el mensaje es claro. Para el ejercicio 2025, tanto la CNMV como ESMA centrarán su supervisión en tres grandes ejes: el análisis de materialidad, el alcance y la estructura de los informes, y los planes de transición climática.
Además, se refuerza una idea clave que atraviesa todo el informe: la sostenibilidad no puede analizarse de forma aislada. La conectividad entre la información financiera y la no financiera será cada vez más determinante para evaluar la solidez y credibilidad de las organizaciones.
En definitiva, el informe de la CNMV confirma que el reporting de sostenibilidad está entrando en una nueva fase: más exigente, más estratégica y más orientada a la toma de decisiones.
Para los profesionales ASG, esto supone un doble reto: garantizar el cumplimiento normativo y, al mismo tiempo, convertir el reporting en una herramienta útil para transformar la organización.
Porque, en el fondo, la pregunta sigue vigente: si mañana dejara de ser obligatorio reportar, ¿seguiríamos haciéndolo igual?
Puedes consultar el informe completo aquí.



