CAMBIO CLIMÁTICO: LOS DATOS DEL VERANO CONFIRMAN LA INTENSIFICACIÓN DE LOS EXTREMOS

El cambio climático continúa dejando señales cada vez más claras sobre la evolución del sistema climático y sobre sus efectos en los ecosistemas, las economías y el bienestar de las personas. En este contexto, la sostenibilidad adquiere una dimensión cada vez más estratégica para las organizaciones, que deben incorporar los riesgos físicos del clima y la resiliencia en sus decisiones. Por ello, DIRSE recopila los principales datos de los últimos informes de Copernicus y AEMET, que permiten aproximarse a la evolución de las temperaturas y de algunas de las principales variables climáticas durante este verano.

Los datos de Copernicus muestran que agosto de 2026 fue el agosto más cálido registrado a escala global y, empatado con julio de 2023, el mes más cálido de toda la serie histórica, con una temperatura media global de 16,96 °C, 0,85 °C por encima del promedio de 1991-2020. La temperatura fue además 1,65 °C superior a la estimación del nivel preindustrial, siendo agosto el primer mes desde noviembre de 2025 en superar ese umbral de 1,5 °C.

El comportamiento del conjunto del verano refuerza esta señal. El período comprendido entre junio y agosto de 2026 fue el más cálido registrado globalmente, empatado con 2024, mientras que en Europa se situó como el tercer verano más cálido de la serie. En Europa occidental, sin embargo, fue el verano más cálido registrado, superando el anterior récord de 2003.

La evolución de las temperaturas ha venido acompañada de otros indicadores que ayudan a entender la dimensión del fenómeno. Durante agosto se registraron en buena parte de Europa precipitaciones inferiores a la media, niveles excepcionalmente bajos de humedad del suelo y caudales fluviales reducidos. Copernicus señala que ríos como el Danubio y el Rin alcanzaron niveles excepcionalmente bajos en distintos momentos, mientras que algunas zonas experimentaron una elevada actividad de incendios y condiciones de sequía.

Estos episodios tienen implicaciones que van más allá del ámbito ambiental. La disponibilidad de agua, la generación hidroeléctrica, la refrigeración de determinadas infraestructuras, la agricultura, el transporte fluvial o la actividad industrial pueden verse condicionados por situaciones de calor extremo, sequía o reducción de los caudales. El cambio climático, por tanto, deja de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse también en un factor de riesgo económico y operativo que debe ser tenido en cuenta en la planificación y en la toma de decisiones.

Los datos sobre los océanos y las regiones polares añaden otra dimensión a este escenario. En agosto, la temperatura media de la superficie del mar en los océanos extratropicales alcanzó un récord para el mes, mientras que el hielo marino del Ártico se situó entre los valores más bajos registrados para esta época del año. Al final de agosto, su extensión ocupaba el decimotercer lugar entre las más bajas para ese momento del año, a las puertas del mínimo anual de septiembre.

España: un agosto muy cálido y marcado por la irregularidad de las precipitaciones

Los datos de AEMET muestran una evolución igualmente significativa en España. Agosto de 2026 tuvo una temperatura media de 24,4 °C, lo que supone una anomalía de +1,4 °C respecto al promedio del período 1991-2020 y lo convierte en el sexto agosto más cálido desde el comienzo de la serie en 1961. Además, nueve de los diez agostos más cálidos de toda la serie histórica se han registrado ya en el siglo XXI, y cinco de ellos desde 2022.

En cuanto a las precipitaciones, AEMET señala que agosto se situó en torno al promedio normal mensual, aunque el conjunto del mes tuvo un carácter húmedo debido a episodios de tormentas. Esta aparente normalidad del dato agregado no significa, sin embargo, que la distribución del agua haya sido homogénea. La propia información de AEMET muestra que buena parte de las precipitaciones estuvo asociada a episodios tormentosos, con una distribución territorial muy irregular y algunos episodios localmente muy intensos.

Esta cuestión resulta especialmente relevante desde una perspectiva de adaptación. Que la precipitación acumulada de un mes se sitúe cerca de la media no implica necesariamente que el agua haya llegado de forma útil al territorio. Periodos prolongados sin lluvia seguidos de episodios intensos pueden generar escorrentías, erosión y daños, al tiempo que limitan la capacidad de infiltración y almacenamiento efectivo del agua en los suelos. La gestión del riesgo climático requiere, por tanto, observar no solo cuánto llueve, sino también cuándo, dónde y con qué intensidad se producen las precipitaciones.

De los datos climáticos a la gestión de riesgos

Estos indicadores muestran por qué el cambio climático debe abordarse desde una perspectiva transversal. Para las organizaciones, la sostenibilidad no se limita a reducir emisiones: también implica comprender y gestionar los riesgos físicos derivados de un clima cada vez más extremo, anticipar posibles impactos sobre las operaciones y las cadenas de suministro y fortalecer la capacidad de adaptación.

Temperaturas extremas, estrés hídrico, incendios, alteraciones en los ecosistemas o episodios meteorológicos intensos pueden afectar a infraestructuras, disponibilidad de recursos, costes operativos, productividad, seguros y continuidad de negocio. Incorporar esta perspectiva a la estrategia empresarial permite pasar de una aproximación reactiva a otra basada en la prevención, la resiliencia y la anticipación.

Pero los datos también apuntan hacia la necesidad de mantener una visión constructiva. La ciencia permite diagnosticar la realidad más allá de las percepciones individuales y aporta herramientas para comprender la evolución del clima y mejorar la capacidad de respuesta. También proporciona conocimiento para desarrollar soluciones: desde la innovación tecnológica y la eficiencia energética e hídrica hasta la restauración de ecosistemas, la adaptación de infraestructuras y la transformación de modelos productivos.

Desde la perspectiva de DIRSE, la sostenibilidad debe ocupar un lugar central en las decisiones de las organizaciones precisamente porque conecta estos retos ambientales con cuestiones estratégicas como la gestión de riesgos, la inversión, la resiliencia, la innovación y la creación de valor a largo plazo.

Los datos de este verano constituyen una nueva llamada de atención. Pero, al mismo tiempo, ofrecen información esencial para anticiparse. Medir, comprender y actuar son pasos inseparables para avanzar hacia organizaciones y sociedades más resilientes frente al cambio climático.