¿Cómo saber si una iniciativa social genera un cambio real? Esta ha sido una de las cuestiones centrales de la jornada “Medir para transformar: claves y experiencias para gestionar el impacto social”, celebrada el 29 de octubre en el Museu de les Aigües de Cornellà de Llobregat. Organizado por la Delegación de DIRSE en Cataluña, junto a Aigües de Barcelona y con la colaboración de Tandem Social, el encuentro ha reunido a profesionales de distintos ámbitos para compartir metodologías y experiencias que permitan evaluar los resultados de la acción social y utilizar esa información para mejorar la gestión de las organizaciones.

La sesión ha combinado un taller práctico, impartido por Jordi Gusi y Daniel Osorio, de Tandem Social, con una mesa redonda en la que han participado representantes de Fundación PortAventura, Aigües de Barcelona y Ampans. A través de sus experiencias, las personas asistentes han podido conocer cómo integrar la medición del impacto social en los proyectos, identificar los cambios que generan y trasladar los resultados a la estrategia y la toma de decisiones.
La jornada ha comenzado con la bienvenida de Meritxell Farré, directora de Clientes, Acción Social y Participación de Aigües de Barcelona, y Pilar Codina, delegada de DIRSE en Cataluña.
De las actividades a los cambios reales: aprender a medir el impacto
La primera parte de la sesión ha consistido en un taller práctico impartido por Jordi Gusi, socio cofundador de Tandem Social, y Daniel Osorio, consultor de la organización. La sesión ha permitido trabajar cómo incorporar la evaluación del impacto social al diseño y la gestión de los proyectos, con el objetivo de convertir los resultados obtenidos en oportunidades de aprendizaje y mejora continua.
Uno de los principales aprendizajes ha sido la necesidad de distinguir entre tres niveles de medición: las actividades, que reflejan las acciones realizadas; los resultados, que muestran sus consecuencias inmediatas; y el impacto, que permite identificar los cambios generados a medio y largo plazo.
Esta distinción resulta fundamental para comprender el alcance real de las iniciativas sociales. Registrar el número de personas atendidas o las actividades desarrolladas constituye un primer paso, pero no permite, por sí solo, determinar si se han producido mejoras significativas en la vida de las personas beneficiarias.

La evaluación del impacto requiere tiempo, rigor metodológico e implicación de los distintos agentes. También exige desarrollar una cultura evaluativa dentro de las organizaciones, integrando la medición en su funcionamiento habitual. No se trata de alcanzar desde el principio un modelo perfecto, sino de avanzar progresivamente y aprovechar los datos para revisar las actuaciones, mejorar los programas y orientar las decisiones.
Experiencias que conectan el impacto social con la estrategia
Tras la pausa para el café y el networking, la mesa redonda “El impacto social llevado a la práctica”, moderada por Begoña Alcaya, subdelegada de DIRSE en Cataluña, ha reunido a Paola Grommes, gerente de la Fundación PortAventura; Alfredo da Silva, responsable de proyectos de Acción Social de Aigües de Barcelona; y Jordi Mir Cisa, responsable de Calidad de Ampans.
Las intervenciones han permitido conocer cómo organizaciones de distintos ámbitos abordan la medición del impacto social y utilizan sus resultados para orientar sus iniciativas.
Desde la Fundación PortAventura, Paola Grommes ha presentado la experiencia de Dreams Village, un proyecto cuyo impacto se ha evaluado con rigor científico gracias a la colaboración con el Hospital Universitari Vall d’Hebron. El estudio desarrollado permite analizar los efectos del programa y disponer de evidencias para valorar su contribución. La experiencia pone de relieve la importancia de establecer alianzas con entidades especializadas para profundizar en la evaluación y utilizar los resultados para orientar la estrategia de sostenibilidad.
Por su parte, Alfredo da Silva ha compartido iniciativas de Aigües de Barcelona que conectan la gestión de un recurso esencial, como el agua, con la inclusión social. Entre ellas, destaca la formación de personas en situación de vulnerabilidad en el ámbito de la fontanería, facilitando el desarrollo de capacidades profesionales y nuevas oportunidades laborales. También ha expuesto el programa Llars a Punt, centrado en la reparación de fugas, como ejemplo de medición del triple impacto económico, social y ambiental.
La experiencia de Aigües de Barcelona muestra cómo la gestión responsable de los recursos puede vincularse con la respuesta a necesidades sociales concretas, integrando diferentes dimensiones de la sostenibilidad en una misma iniciativa. Alfredo da Silva, ha abordado la medición del impacto de los programas de inclusión sociolaboral, con especial atención al acompañamiento a la inserción a través del programa ONA. Esta experiencia incorpora la evaluación sistemática del impacto y del retorno económico, poniendo el foco no solo en la contratación, sino también en el proceso de acompañamiento y en los resultados que se persiguen para las personas participantes.
Las experiencias compartidas han puesto de manifiesto que medir el impacto implica adaptar las metodologías a las características de cada organización y proyecto, definir los objetivos desde el inicio e involucrar a los agentes implicados para obtener información útil y relevante.
Medir para decidir, mejorar y rendir cuentas
Otro de los asuntos abordados ha sido el valor de traducir los resultados sociales a indicadores que faciliten su interpretación y permitan evaluar la contribución de las organizaciones. En este contexto, Jordi Mir Cisa, desde Ampans, ha tratado el Valor Social Integrado (VSI) y otras metodologías de contabilidad social, que permiten cuantificar en términos económicos parte del valor generado para los distintos grupos de interés, sin reducir por ello toda la complejidad del impacto social a una cifra monetaria.
La mesa también ha puesto el foco en la evolución de los informes de sostenibilidad, en los que los indicadores y los proyectos de dimensión social adquieren un peso creciente. La disponibilidad de datos rigurosos permite mejorar la rendición de cuentas, identificar oportunidades de mejora y reforzar la conexión entre la acción social y la estrategia corporativa.
La necesidad de impulsar alianzas, trabajar en red y desarrollar nuevas líneas de colaboración ha sido otro de los aprendizajes compartidos durante el encuentro.
En el cierre, se ha reforzado la idea central de la jornada: evaluar para decidir, mejorar, rendir cuentas y aprender. La medición del impacto social no constituye un fin en sí mismo, sino un proceso que permite comprender mejor los efectos de las iniciativas, adaptar las estrategias y aumentar su contribución positiva.
Con esta jornada, DIRSE Cataluña continúa promoviendo espacios de aprendizaje e intercambio entre profesionales para avanzar hacia una sostenibilidad más estratégica, basada en evidencias y orientada a generar cambios reales en las personas y la sociedad.



