Identificar un impacto no significa todavía saber medirlo ni gestionarlo. Esta es una de las principales lecturas que deja el State of Play 2026 Report de EFRAG, que analiza cómo las empresas europeas están aplicando las normas ESRS y muestra una evolución progresiva de las prácticas de reporte, pero también importantes diferencias entre la identificación de los asuntos materiales, la definición de objetivos y la disponibilidad de métricas.
Desde DIRSE compartimos las principales claves del estudio para que las personas socias puedan mantenerse al día de la evolución del reporting de sostenibilidad en Europa y conocer qué están haciendo las empresas en su segundo año de aplicación de las ESRS.
El informe de EFRAG analiza 905 estados de sostenibilidad correspondientes al ejercicio fiscal 2025, todos ellos sujetos a aseguramiento, y evalúa las prácticas de las empresas a partir de 18 preguntas que abarcan los estándares transversales, ambientales, sociales y de gobernanza. La edición de 2026 amplía además el análisis respecto al año anterior, incorporando información sobre la metodología de doble materialidad, la relación entre sostenibilidad e incentivos de la alta dirección y el desglose geográfico de determinadas métricas ambientales.
La materialidad avanza, pero medir sigue siendo el reto
Una de las conclusiones más relevantes del estudio aparece al comparar los asuntos que las empresas identifican como materiales con aquellos para los que establecen objetivos cuantificables. De media, las compañías analizadas identifican 6,4 temas materiales de las ESRS, pero solo establecen objetivos medibles para 3,3 de ellos.
El dato apunta a una brecha todavía significativa entre reconocer que un asunto es relevante para la organización y disponer de mecanismos concretos para medir su evolución y establecer objetivos. Al mismo tiempo, el estudio muestra una mayor integración de la sostenibilidad en la gestión empresarial: el 63% de las compañías vincula el desempeño en sostenibilidad con los sistemas de incentivos de la alta dirección.
También evoluciona la forma de realizar el análisis de doble materialidad. El 82% de las empresas actualizó su evaluación respecto al ejercicio anterior, mientras que un 67% utiliza un enfoque híbrido que combina metodologías top-down y bottom-up. Estos datos muestran que la materialidad comienza a consolidarse como un proceso dinámico y no como un ejercicio puntual vinculado exclusivamente a la elaboración del informe.
El cambio climático continúa marcando la agenda
Entre todos los estándares, ESRS E1, Cambio climático, continúa siendo uno de los asuntos más extendidos, identificado como material por el 99% de las compañías analizadas. El mismo porcentaje se registra para ESRS S1, relativo a la plantilla propia, mientras que ESRS G1, Conducta empresarial, alcanza el 95%.
El informe confirma además el avance de los planes de transición climática. El porcentaje de empresas que declara disponer de un Plan de Transición Climática ha pasado del 55% al 69% en un año. Asimismo, el 57% informa de objetivos de descarbonización a corto y largo plazo alineados con una trayectoria compatible con 1,5 °C.
El avance cuantitativo no elimina, sin embargo, las diferencias en el nivel de detalle y desarrollo de estos planes. El reto pasa progresivamente de declarar la existencia de una estrategia climática a demostrar cómo se integra en la planificación y en la gestión de la organización.
La dimensión social gana peso
El segundo gran ámbito de atención es la fuerza laboral propia, recogida en ESRS S1. Además de ser uno de los temas más identificados como materiales, el estudio ofrece algunos datos relevantes sobre las prácticas sociales de las empresas.
El 89% de las compañías incluye información sobre políticas relacionadas con derechos humanos y la brecha salarial de género no ajustada media se sitúa en el 14,3%. El informe también constata una creciente conexión entre sostenibilidad y sistemas de remuneración: como se ha señalado, el 63% de las organizaciones vincula el desempeño en sostenibilidad con los incentivos de la alta dirección.
Estos datos reflejan una tendencia hacia una mayor integración de las cuestiones sociales y de sostenibilidad en los mecanismos de gestión y gobierno corporativo, más allá del propio ejercicio de reporte.
La sostenibilidad se extiende a la cadena de valor
El análisis de EFRAG muestra también que la información de sostenibilidad está trascendiendo las fronteras de la propia organización. El 81% de las empresas utiliza criterios ESG en sus procesos de selección de proveedores, lo que apunta a una mayor integración de factores ambientales, sociales y de gobernanza en la gestión de la cadena de suministro.
Este avance resulta especialmente relevante en un contexto en el que las empresas deben mejorar progresivamente su conocimiento sobre los impactos, riesgos y oportunidades asociados a sus cadenas de valor. La incorporación de criterios ESG en la homologación y selección de proveedores constituye un paso hacia una gestión más transversal de la sostenibilidad.
Biodiversidad: la brecha entre reconocer y medir se hace más visible
Uno de los ámbitos en los que el informe evidencia mayores desafíos es la biodiversidad y los ecosistemas. El análisis pone de manifiesto que la identificación de la biodiversidad como asunto material no se traduce todavía de manera generalizada en métricas suficientemente desarrolladas.
Los datos analizados muestran que las empresas tienden a identificar con mayor frecuencia las presiones directas sobre la naturaleza —como el uso del suelo, la extracción de agua, las emisiones o los vertidos— que los cambios en el estado de las especies, los ecosistemas o los servicios ecosistémicos.
Esta diferencia resulta especialmente significativa porque refleja uno de los retos más complejos del reporting de sostenibilidad: pasar de identificar que existe un impacto a disponer de indicadores que permitan cuantificarlo, compararlo y hacer seguimiento de su evolución.
El propio análisis pone de relieve que la biodiversidad presenta todavía un grado de madurez inferior al del cambio climático. Mientras que en este último las empresas están avanzando hacia una visión más desarrollada de impactos y riesgos, en biodiversidad todavía predomina una aproximación centrada en las presiones que las actividades ejercen sobre la naturaleza.
Informes más breves y mayor familiaridad con las ESRS
Otra de las señales de evolución identificadas por EFRAG se encuentra en la propia extensión de los informes. La longitud media de los estados de sostenibilidad analizados ha pasado de 115 a 95 páginas.
EFRAG interpreta esta reducción como una señal de una mayor familiaridad de las empresas con el marco ESRS y de una evolución hacia declaraciones más concisas. La información de sostenibilidad continúa representando aproximadamente un tercio de los informes anuales, pero la tendencia apunta a una mayor capacidad de las organizaciones para estructurar y seleccionar la información relevante.
Este dato resulta especialmente relevante en un momento de transformación del marco europeo. En julio de 2026, la Comisión Europea publicó el acto delegado sobre los ESRS revisados, orientados a simplificar y racionalizar las obligaciones de información, aunque su entrada en vigor efectiva queda vinculada a su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea y al proceso de escrutinio correspondiente.
Del reporting a la gestión
En conjunto, el State of Play 2026 muestra una evolución clara durante el segundo año de aplicación de las ESRS, pero también señala dónde se encuentran algunos de los próximos retos. Las empresas han adquirido mayor experiencia en la realización de análisis de doble materialidad, han avanzado en planes de transición climática y están incorporando progresivamente la sostenibilidad a cuestiones como los incentivos de la dirección o la gestión de proveedores.
Al mismo tiempo, persiste una cuestión de fondo: la distancia entre declarar, medir y gestionar. Identificar un tema como material es el primer paso, pero convertir esa materialidad en objetivos, métricas, decisiones y mecanismos de seguimiento requiere capacidades y sistemas de gestión más desarrollados.
Para los profesionales de la sostenibilidad, esta evolución refuerza el papel de la función dirse como puente entre el reporting y la estrategia. El reto no consiste únicamente en conocer qué exige cada estándar, sino en conseguir que la información recopilada permita comprender los impactos, riesgos y oportunidades de la organización y contribuya a la toma de decisiones.
El State of Play 2026 ofrece, en definitiva, una fotografía útil del grado de madurez alcanzado por las empresas europeas en la aplicación de las ESRS y, al mismo tiempo, permite identificar los ámbitos en los que todavía existe recorrido para pasar del dato a la gestión y del reporte a la acción.



